Querida Dell:
Nuestra avenida nos avisora su ultima cuadra, el ultimo tramo del camino es una calzada asfaltada de miedos, dudas y recuerdos, esos que se borrarán quién sabe al final o que perdurarán como marcas en la piel.
Hoy mis palabras se adelgazan y levemente se elevan para llegar hacia ti, hoy simplemente me rindo a ser yo, plasmado en un papel, plasmado en estas líneas. Las miles de palabras se aglutinan en mis dedos e interrumpen desastrosamente a mis ideas lúcidas, desean salir a flote, dibujan frases sin sentido pero todos con una sola esencia… gracias.
Gracias desvarío por aparecerte así, simple, un día que parecía ser normal, gracias por salvarme del suplicio y por enseñarme a subsistir en ese laberinto intrínseco que es ser yo. Gracias por ser como eres, gracias por quitarme la razón.
Tu presencia es efímera…ah, maldita idea que tuve que hacerme el día que te conocí, era el precio que hay que pagar por deleitarse con tus ojos de miel cada día, por deslumbrarse con tu sonrisa, por ser partícipe de tus arranques de locura temporal (…claro tu agradable locura temporal). Al final, solo terminamos como dos desconocidos, vaya madurez la nuestra, pero sé muy bien que tu recuerdo aun estará ahí, tilitando como una mariposa… no, con nosotros no va lo cursi, circundando como un caracol en mi piel (que valgan verdades alguna vez deseó ser tuya y se comprimió con ese dolor que hace sentir a uno vivo).
Ahora ya estamos aquí, casi acariciando la gloria y despues, un camino que se quiebra, hace ¡CRACK! Y se separa. Yo no lo quise así y de veras que hubiera dejado de hacer muchas “cosas” porque esa brecha que nos divide ahora jamás se haya abierto de tal forma.
¿Sabes? Fuiste una dulce piedra en mi zapato, extrañamente soportable (como siempre digo “…sarna con guso no pica”), te extrañé cuando te alejaste así de la noche a la mañana, dejándome en el aire sin ninguna razón, razón arrancada de tu imaginación a la realidad, obligada a ser cavilada y afirmada despues. Aun te extraño, sobre todo cuando escucho tu risa, tu voz incontinua. La música ayuda mucho, el aparentar que te ignoro, el tratar de odiarte como antes de conocerte, pero mis razones decaen por motivos que tu y yo conocemos; jamás lo quise así, jamás quise que trataras de escapar de “eso” que era tan normal para nosotros hasta un momento, pero no pudimos escapar y lo sabes muy bien, lástima que lo quisieras de eso modo.
Oye, me gustó mucho conocerte, serás un lindo, recuerdo inigualable a cabalidad; aun conservaré tu pulsera de cabellos y estará conmigo el sábado para sentirme mas seguro (tu me dabas seguridad, aparente, pero al fin y al cabo seguridad). Perdoname si alguna vez te hice mal, si hubieron cosas de mi que no te gustaron; yo soy así, torpe, estúpido a veces (perfecto en las cosas tontas), en fin, soy yo.
Te quiero harto tulipán, cuídate mucho.
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